Seguro que más de una vez has escuchado hablar de la dieta mediterránea y de lo saludable que es, pero es posible que no tengas del todo claro qué alimentos se incluyen en ella o todas las propiedades beneficiosas que tiene para que nos sintamos bien por dentro y por fuera.

La dieta mediterránea es un patrón alimentario que se basa en los productos locales de las regiones de la costa mediterránea, principalmente España, Italia y Grecia. Este modelo se caracteriza por incluir alimentos de todo tipo, si bien respeta la famosa pirámide alimenticia que nos indica los alimentos que comeremos a diario, los que tomaremos de forma semanal y los que debemos reducir a una ingesta ocasional:

  • Entre los alimentos que debemos comer diariamente encontramos: cereales (pasta, arroz, pan), frutas y verduras (debemos tomar entre 5 y 8 piezas de frutas y verduras cada día), agua, lácteos (yogures, leche,…), aceite de oliva, frutos secos (con comer un puñadito diario es suficiente) y algunos aderezos como el ajo (a ser posible, crudo). Estos productos deben constituir la base de nuestra alimentación, de forma que se reduzca el consumo de hidratos de carbono y proteínas de origen animal. Por ejemplo: si para almorzar nos preparamos un filete de pollo con verduras, la ración de verduras siempre debe ser mayor a la de carne, y no al revés.
  • Semanalmente debemos incluir en nuestra dieta proteínas de origen animal o vegetal. En este nivel de la pirámide encontramos alimentos como el pescado, los huevos, las legumbres, las patatas y las carnes magras, que debemos comer unas 3 o 4 veces por semana. También encontramos carnes rojas, pero su consumo debe ser más limitado, entre 1 y 2 veces por semana.
  • Y por último encontramos productos que no están “prohibidos” como tal, pero cuyo consumo debe realizarse en momentos esporádicos. Es el caso del azúcar, la bollería, los refrescos, las golosinas o chucherías, los snacks ultraprocesados, etc.

Además, la dieta mediterránea también tiene en cuenta la elaboración de los productos, respetando las recetas tradicionales de la región. De este modo, primarán los alimentos asados o a la plancha sobre los fritos, el uso del aceite de oliva sobre cualquier otro tipo de aceites y el uso productos de temporada. ¡Y, por supuesto, las reuniones de familiares y amigos alrededor de la mesa, que también inciden positivamente en nuestra salud!

En cuanto a los beneficios de seguir esta dieta, destacan el control de peso, la prevención de enfermedades cardíacas o de la diabetes, la mejora de órganos como los riñones o el hígado e, incluso, el retraso del deterioro cognitivo. Y, además, al apostar por productos locales y de temporada también ayudas al medio ambiente, ya que se trata de una dieta más sostenible para nuestro planeta.

Teniendo en cuenta todas estas razones, ¿te animas a seguir la dieta mediterránea?

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